La lluvia puede, pues, producirse por la caída directa de gotas de agua o de cristales de hielo que se funden. Y las gotas son mayores cuanto más alta está la nube que las forma y más elevada es la humedad del aire, ya que se condensa sobre ellas el vapor de las capas que van atravesando. Además, durante el largo recorrido, muchas gotas llegan a juntarse, fenómeno que ya hemos visto que también se presenta en los cristales de hielo.